Es una sobrecarga que prolongada produce desequilibrio en el organismo.

En la antigüedad el mecanismo del estrés cumplía el propósito de preparar a los seres humanos para responder a estados de emergencia que le representaban una amenaza física.
La forma de responder a este tipo de emergencia era, por lo general,huyendo o peleando, respuestas para las cuales se requiere una gran cantidad de energía y fuerza muscular. Los cambios hormonales y otras alteraciones fisiológicas que se producen en estados de estrés van dirigidos a lograr la defensa instintiva del organismo.
Nos podemos imaginar a un hombre primitivo que tiene que enfrentarse al ataque de un animal salvaje. El organismo de este hombre se prepara para responder a la amenaza. Los músculos se tensan, la respiración se vuelve rápida y poco profunda, el hambre y el deseo sexual se suprimen, el proceso digestivo se detiene, el cerebro se coloca en un estado de alerta máxima y los sentidos se agudizan. Las glándulas adrenales comienzan a lanzar hacia el torrente sanguíneo varias hormonas, a las que se les conoce como hormonas de estrés, entre ellas adrenalina (también conocida como epinefrina), y cortisol que ayudan a aumentar la producción de energía y la fuerza muscular.
En nuestra sociedad moderna no tenemos que enfrentarnos por lo general a animales salvajes, (al menos en el sentido literal del término). Sin embargo,nos enfrentamos a situaciones de otro tipo
como: Problemas con el trabajo, con la familia, relaciones etc.

A los niños y adolescentes no les va mejor
 Problemas en el colegio
  con los profesores
  con las asignaturas     
  con sus compañeros
  con los padres o con sus hermanos

 Todo ello con los mismos mecanismos con los que nuestros antepasados se enfrentaban a los animales salvajes. El problema surge a causa de que los cambios habidos en la sociedad se han dado en forma tan veloz que no han permitido al proceso evolutivo, que es sumamente lento, adaptarse a los mismos.

En la vida primitiva los estados de emergencia duraban a lo sumo unos pocos minutos. Una vez superada la emergencia, el nivel de hormonas secretadas y los procesos fisiológicos volvían a su estado normal. En nuestra sociedad el mecanismo del estrés se activa no tanto a causa de peligros momentáneos sino a causa de estados emocionales prolongados o que se repiten a diario. Bajo dichas circunstancias la adrenalina, el cortisol y otras hormonas que son secretadas pueden comenzar a causar grandes daños a nuestro organismo. Entre estos daños se incluyen: fatiga, destrucción de los músculos, diabetes, hipertensión, úlceras, enanismo, impotencia, pérdida de deseo sexual, interrupción de la menstruación, aumento en la susceptibilidad a enfermedades, y daños a las células nerviosas. Dolores de espalda por contracturas, enfermedades psicosomáticas, como el colon irritable, anorexia, bulimia, depresiones, irritabilidad etc.”… y sobretodo en niños y jóvenes problemas de atención y comportamiento.

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